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Wednesday, February 3, 2016

Singing In The Dark (Cantando en la oscuridad)


Slam! Thud. Click. Swish. Slam!

The stocks and locks fastened. The door banged shut. Dead air. Darkness.

Two new prisoners had been inducted into this pit of a jail. Put in the inner dungeon, the worst place possible. I almost felt sorry for them. Almost. Why should I pity anyone? I'd been here too long to care about anyone or anything. From the jailer's comments it sounded like they were some kind of religious fanatics. What did it matter? Whether they were here for stealing bread or for raising a religious ruckus. They wouldn't last long in that part of the jail.

I stretched my legs as far as my chains would allow and leaned my head against the rough wall. Another night of pain, of emptiness, of despair. I closed my eyes, trying to ignore the stench all around me, waiting for sleep to temporarily blot it all out.

I was jerked awake by pain in my toes, and quickly kicked my feet to dislodge the rat I knew was there. So much for sleep's shelter. Would this agony never end?

In the darkness I heard a sound. Not of rodents. Not of human agony. What could it be? I strained my ears. The sound slowly grew louder. I couldn't believe it! Someone was singing! Wait, I heard two voices. Coming from the inner dungeon. The two new prisoners were singing! I could only make out some of the words, but I'm sure they were singing to their God. The other prison sounds silenced. I couldn't hear a single moan or groan. Everyone was listening to this strange sound of voices filled with joy and peace. How was it possible?

If this was religious fanaticism, perhaps that's what I needed. I'd never heard anything so filled with hope and life. Listening to them I felt like someone had turned on a light in the darkness. Though I couldn't see a thing, somehow I sensed these men could see through the blackness.

Suddenly a roar pierced the singing! The earth shook violently! My chains fell off! The prison doors banged open! I rolled across the floor, gasping for breath.

Then just as suddenly, all was still. Every prison door stood open, but no one moved. We waited for the two men to speak. We all knew their God was powerful.

Then one of them called out, "Don't harm yourself! We are all here!"

There was a commotion outside, voices, lights. The jailer rushed in to the cell with the new prisoners. I saw his trembling hands as he led them out, and I heard him ask, "Sirs, what must I do to be saved?"

Every ear strained to hear their response.

"Believe in the Lord Jesus and you will be saved."

Jesus.

A warmth filled me at the sound of his name. Jesus.

A Savior? A powerful God who shook the earth? A compassionate God who rescued his followers? And perhaps a God who cared about prisoners?

Jesus.

I whispered his name. "Jesus, I believe in you. I believe."

(based on the story in Acts 16, of Paul and Silas in prison)


I love this story! It moves me every time I read it. What a miracle it was for Paul and Silas to be singing praise to God in such a dark time and place. Together they encouraged each other and lifted their voices. And together they watched God turn a jail and a city right-side up to faith in Jesus.

No matter how dark it gets my friends, keep singing praise to God. Keep singing! You never know who might be listening. You never know what chains might be broken, what doors might be opened, and what lives might be transformed by our mighty God!


Cantando en la oscuridad

¡Golpe! ¡Rechinar de una puerta. Click. Silbido. ¡Golpe!

Los cepos y candados cerrados. La puerta se cerró de golpe. Aire muerto. Oscuridad.

Dos nuevos prisioneros han sido recluidos en este hoyo de una cárcel. Colocados en la mazmorra más interna, el peor sitio posible. Casi siento pena por ellos. Casi. ¿Por qué debería sentir pena por alguien? He estado aquí demasiado tiempo para preocuparme por alguien o algo. Por los comentarios del carcelero sonó como si fueran alguna clase de fanáticos religiosos. ¿Qué importaba? Fuera que estuvieran aquí por robar pan o por levantar un alboroto religioso. No estarán mucho tiempo en esa parte de la cárcel.

Estiré mis piernas tan lejos como mis cadenas lo permitirían e incliné mi cabeza contra la áspera pared. Otra noche de dolor, vacío, desesperación. Cerré mis ojos, tratando de ignorar la fetidez a mi alrededor, esperando dormir para borrarlo todo temporalmente.

Me desperté sobresaltado por el dolor en los dedos de mis pies y rápidamente mandé una patada a mi pie para desalojar la rata que sabía que estaba allí. Demasiado para un refugio para el sueño. ¿Nunca terminaría esta agonía?

En la oscuridad escuché un sonido, No de roedores. No de agonía humana. ¿Qué podría ser? Agucé mis oídos. Lentamente el sonido se hizo más fuerte. ¡No podía creerlo! ¡Alguien estaba cantando! Espera, escuché dos voces. Viniendo de la mazmorra más interior. ¡Los dos prisioneros nuevos estaban cantando! Sólo podía entender algunas de las palabras, pero estoy seguro que estaban cantando a su Dios. El resto de la prisión permanecía en silencio. No podía oír ni un gemido ni un quejido. Todo el mundo estaba escuchando este extraño sonido de voces llenas de gozo y paz. ¿Cómo era posible?

Si esto era fanatismo religioso, quizás eso era lo que yo necesitaba. Nunca había escuchado nada tan lleno de esperanza y vida. Escuchándolos sentí como si alguien hubiese encendido una luz en la oscuridad. Aunque no podía ver nada, de alguna manera sentí que esos hombres podían ver a través de la oscuridad.

¡De repente, un rugido traspasó el canto! ¡La tierra tembló violentamente! ¡Mis cadenas se desprendieron! ¡Las puertas de la cárcel se abrieron de golpe! Rodé por el piso, jadeando para respirar.

Luego, igual de súbitamente, todo quedó callado. Cada puerta de la prisión estaba abierta, pero nadie se movió. Esperamos que los dos hombres hablaran. Todos sabíamos que su Dios era poderoso.

Después, uno de ellos gritó: “¡No te hagas daño! ¡”Todos estamos aquí!

Hubo una conmoción afuera, voces, luces. El carcelero entró corriendo a la celda de los nuevos prisioneros. Vi sus temblorosas manos mientras los sacaba y lo escuché preguntar: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”

Cada oído se esforzó por escuchar su respuesta.

“Cree en el Señor Jesús y serás salvo.”

Jesús.

Un calor me llenó al sonido de su nombre. Jesús.

¿Un Salvador? ¿Un Dios poderoso que sacudió la tierra? ¿Un Dios compasivo que rescataba a sus seguidores? ¿Y quizá un Dios a quien le interesaban los prisioneros?

Jesús.

Susurré su nombre. “Jesús, creo en ti. Creo.”

(basada en la historia en Hechos 16, de Pablo y Silas en prisión)


¡Me encanta esta historia! Me mueve cada vez que la leo. Qué milagro para Pablo y Silas estar cantando alabanzas a Dios en un tiempo y lugar tan oscuros. Se animaron mutuamente y levantaron sus voces. Y juntos vieron a Dios convertir una cárcel y una ciudad boca abajo hasta la fe en Jesús.

No importa cuán oscuro se ponga mis amigos, sigan cantando alabanzas a Dios. ¡Sigan cantando! Nunca sabes quien puede estar escuchando. Nunca sabes qué cadenas pueden romperse, cuáles puertas pueden abrirse ni ¡cuáles vidas pueden ser transformadas por nuestro poderoso Dios!

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